Barroso defiende esta medida alegando que el hecho de que un Estado no tenga representación en la Comisión Europea fomenta la no identificación de los ciudadanos del Estado en cuestión con la Comisión, lo que por tanto provoca un alejamiento de esa sociedad con el proyecto europeísta. Esto es totalmente falso. Es como decir que un ciudadano de Cuenca no se siente representado en el Gobierno de España porque no hay ningún ministro conquense o que un habitante de Portbou se siente alejado del proyecto catalanista porque no hay ningún Conseller originario de esa localidad. El mantenimiento de esta regla estúpida lo único que consigue es quitar poder al Presidente de la Comisión Europea, que continuará teniendo que formar un gobierno no con los ministros que él escoja, sino con los comisarios que los Estados les impongan, y quien dice estados dice presidentes de los gobiernos de los Estados, y esto incluye desde Zapatero hasta Berlusconi, pasando por Brown, Merkel, Sarkozy y Vaclav Klaus. ¿Alguien sabe como puede ser eficiente un gobierno formado por comisarios de ideologías tan diferenciadas como la socialdemocracia, la democracia cristiana, el liberalismo, el nacionalismo conservador, el euroescepticismo populista xenófobo de derechas, el progresismo social-liberal, el altantismo y el eurofederalismo? Si alguien lo sabe, que lo cuente, porque conseguirá dar la fórmula para que Europa avance con estas normas y acuerdos que la paralizan desde hace décadas. Continuo diciendo lo de siempre, los comisarios han de ser esogidos por el Presidente de la Comisión en función de su capacidad para el cargo y el nivel de afinidad con el presidente, ya que van a tener una gran responsabilidad y, además, van a tener que actuar de forma conjunta, remando en una misma dirección y con un mismo objetivo en la mente. Además, ¿alguien en su sano juicio cree que la Comisión Europea tiene tantas competencias como para tener 27 comisarías, ampliables a 28, 30 o 35? Pues me parece que va a ser que no.
Estoy harto de que se rebaje el contenido de los tratados, y más harto aún que se haga dando por sentado que los europeístas lo apoyamos como un mal menor. Primero renunciamos a que Bruselas fuese la capital de Europa. Luego renunciamos a que el Ministro de Asuntos Exteriores se llamase Ministro y que la Constitución Europea se llamase Constitución. Después renunciamos a la oficialidad del himno, la bandera y la moneda. Más tarde... Y ahora renunciamos a que la Comisión Europea sea (algo) eficiente. Los europeos no precisamos de pasos atrás sino de todo lo contrario. Necesitamos mirar hacia delante, necesitamos un proyecto motivador, necesitamos un plan con futuro, necesitamos continuar (o volver a estar) en la vanguardia de la Humanidad.
Volviendo al más corto plazo, nos encontramos con la Crisis. Nos dicen por todas partes que no hay trabajo, que el paro sube y subirá; que no hay liquidez, que las entidades financieras no conceden créditos; que la economía está estancada, que necesitamos planes de recuperación. Vemos y escuchamos a diario conversaciones en las que la gente tiene miedo a ser despedida, a no llegar a final de mes. La gente necesita seguridad y confianza. La solución a todos estos problemas no puede venir de los Estados. Vuelvo a insistir en la necesidad de otorgar más competencias a las instituciones europeas, tales como las de energía, grandes infraestructuras, política exterior, defensa o las de creación de políticas marco de empleo o fiscalidad. Sólo de esta forma podremos trabajar eficientemente contra la actual crisis (a corto plazo) y por mejorar nuestro bienestar y crecimiento (a largo plazo). Puede que todo el dinero que los europeos estamos destinando a los planes elaborados por los gobiernos estatales para la recuperación económica esten siendo tirados a la basura. Si todo este dinero fuese gestionado por las instituciones europeas seguramente estaría gastado más eficientemente. Seguramente con la misma cantidad de dinero podríamos dar el "empujoncito" a la industria automobilística europea (poderosísima) para abandonar la construcción de coches a gasolina y centrarse en la investigación y producción en masa de vehículos eléctricos, de hidrógeno, etc. Seguramente con el mismo dinero invertido en infraestructuras podríamos vertebrar verdaderamente Europa y disponer de una única red ferroviaria y de carreteras, incluso podríamos unir el TGV, el AVE, el Eurostar y demás y disponer de unos trenes de alta velocidad europeos, que permitan reducir mucho las distancias en el transporte tanto de personas como de mercancías en toda Europa. Puede incluso que, como consecuencia de todas estas actuaciones, el crecimiento económico sea más acelerado en las zonas menos desarrolladas y que, consecuentemente, el dinero invertido en los Fondos de Cohesión ya no sea necesario no en 50 años, sino quizás en 35, o en 25 o ¿quién sabe?. Pues a este paso, parece que sólo Dios lo sabrá, ya que de momento continuamos como siempre: con unos dirigentes, un sistema y una Europa casi parada y que cuando se decide a ponerse en marcha, muchas veces va hacia tras (caso de la revolución política involucionista, a la que en este blog llamo tsunami azul).
A este paso tendremos un Comisario dedicado al seguimiento de Gran Hermano y algunos lo verán como un avance, los mismos que se rasgan la vestiduras cuando el President del Parlament de Catalunya se gasta 10.000 € en ponerse una mesa y una televisión en el coche oficial para poder trabajar mientras viaja. No se escandalizarán por tener dos Parlamentos Europeos (uno en Bruselas y otro en Estrasburgo), lo que tiene un coste adicional anual de unos 200.000.000 €.