Si hablamos de economía, el tema estrella de la legislatura, parece resultar que el Gobierno no está sabiendo hacer frente a la crisis económica y parece estar perdiendo la oportunidad que estamos teniendo los españoles para reinventarnos. El Plan E puede que haya servido para estimular efímeramente el mercado laboral, pero ¿a qué coste? ¿con qué objetivo? Se ha invertido una gran cantidad de dinero con el objetivo de dar trabajo a gente en paro. Punto. Se han arreglado aceras, se han reasfaltado calles, se han reformado plazas y avenidas, se han mejorado instalaciones deportivas, etc. ¿No hubiese sido más adecuado haber utilizado ese dinero para realizar inversiones para fomentar el desarrollo económico de España? Mucho más productivo hubiese sido conectar mejor los puertos con el sistema ferroviario para convertir las principales ciudades costeras españolas (Barcelona y Valencia, en concreto) en verdaderas puertas de entrada de las mercancías provinientes a Europa desde Asia y colocar a estos dos puertos españoles al mismo nivel que Rotterdam o Hamburgo. También habría sido más provechoso que levantar aceras, para dejarlas después igual, mejorar la conexión entre Sevilla y Cádiz y, a la vez, de éstas con Málaga, para fomentar un triángulo andaluz de desarrollo que constituya el pilar básico de la prosperidad de las tierras del Sur, un polo industrial y comercial (en lugar del turismo de lujo y de las segundas residencias de la costa, que como sector económico complementario no está de más, pero tenerlo como actividad económica básica no es lo más deseable para una economía que anhela ser robusta y poderosa). Otro tercer proyecto interesante hubiese sido mejorar y ampliar el muy deficitario servicio de cercanías en las grandes ciudades españolas y crear redes de transporte público bien integradas y de calidad. Y si el Gobierno estima que es más adecuado generar empleo mejorando la calidad de vida de las ciudades en lugar de fomentar el tejido productivo de la nación, puede que lo mejor sea focalizar toda la inversión en los barrios degradados, arreglando las calles y plazas, rehabilitando los edificios y mejorando los servicios públicos y la conexión con el resto de la ciudad (tal y como está haciendo la Generalitat de Catalunya mediante la Ley de Barrios). Pero no, ni conexión de los puertos con el sistema ferroviario, ni promover nuevos polos de desarrollo (en lugar de fomentar a Madrid como el único gran centro dinamizador), ni mejorar el transporte público, ni arreglar los barrios degradados.
Si nos fijamos en la reforma fiscal, tampoco parece que el Gobierno haya tomado las medidas idóneas, pues aumentando el IVA y no tocando la tributación de las SICAV (pagan el 1%) o del IRPF de las personas con más ingresos se hace que todos los ciudadanos paguemos por igual el coste de la crisis, es decir, que los más perjudicados serán los trabajadores con sueldos más bajos, los jubilados con pensiones más discretas o los parados. Pues subir el IVA del 16% al 18% no afecta lo mismo a un trabajador con una renta de 700 € mensuales que a otro con unos ingresos mensuales de 3.000 €. De todas formas, las reformas fiscales son muy complicadas, pues subiendo los tipos impositivos de las rentas más elevadas y de las empresas se puede provocar una retirada de capitales del país y una fuga de gente acomodada que haga reducir la recaudación total, con lo cual, el objetivo quedaría sin ser cumplido, mientras que subiendo los impuestos sobre el consumo acaban saliendo perjudicadas las clases medias y humildes pero se consigue aumentar los ingresos del Estado, que constituye el objeto de la reforma.
Como contrapunto a toda la crítica económica del Gobierno Zapatero, cabe destacar su apuesta por no recortar los (escasos) derechos laborales y la (precaria) protección social de los españoles. Desgraciadamente, no creo que sea suficiente y, volviendo al tema de la oportunidad perdida en cuanto a los proyectos de reactivación económica, cierto es que no sólo nos pasa a los españoles, sino que sucede en casi todos los países, sin embargo, no es una excusa para que el Gobierno Zapatero no obre con más visión de futuro y ambición. Le quedan 3 años para cambiar de política o para demostrar que los que le criticamos estamos equivocados.
Si nos fijamos en la reforma fiscal, tampoco parece que el Gobierno haya tomado las medidas idóneas, pues aumentando el IVA y no tocando la tributación de las SICAV (pagan el 1%) o del IRPF de las personas con más ingresos se hace que todos los ciudadanos paguemos por igual el coste de la crisis, es decir, que los más perjudicados serán los trabajadores con sueldos más bajos, los jubilados con pensiones más discretas o los parados. Pues subir el IVA del 16% al 18% no afecta lo mismo a un trabajador con una renta de 700 € mensuales que a otro con unos ingresos mensuales de 3.000 €. De todas formas, las reformas fiscales son muy complicadas, pues subiendo los tipos impositivos de las rentas más elevadas y de las empresas se puede provocar una retirada de capitales del país y una fuga de gente acomodada que haga reducir la recaudación total, con lo cual, el objetivo quedaría sin ser cumplido, mientras que subiendo los impuestos sobre el consumo acaban saliendo perjudicadas las clases medias y humildes pero se consigue aumentar los ingresos del Estado, que constituye el objeto de la reforma.
Como contrapunto a toda la crítica económica del Gobierno Zapatero, cabe destacar su apuesta por no recortar los (escasos) derechos laborales y la (precaria) protección social de los españoles. Desgraciadamente, no creo que sea suficiente y, volviendo al tema de la oportunidad perdida en cuanto a los proyectos de reactivación económica, cierto es que no sólo nos pasa a los españoles, sino que sucede en casi todos los países, sin embargo, no es una excusa para que el Gobierno Zapatero no obre con más visión de futuro y ambición. Le quedan 3 años para cambiar de política o para demostrar que los que le criticamos estamos equivocados.