sábado, 29 de mayo de 2010

El ejército europeo: acabar con el despilfarro y la sumisión

El gasto militar se justifica por la necesidad de unas fuerzas armadas que defiendan el territorio nacional en caso de ataque armado de otro estado, de ataque a estados aliados o para realizar políticas agresivas contra estados enemigos. También es necesario para controlar la situación interna del estado en casos extraordinarios.

Anualmente, los estados miembros de la Unión Europea tienen un gasto militar de más de $ 250.000.000.000 (más del total de la riqueza generada anualmente en Portugal, Rumania o República Checa). Además, 2.000.000 de europeos forman parte de las fuerzas armadas de sus estados. Todos estos recursos destinados a la política militar de los estados de Europa no consigue que ninguno de los 27 estados miembros de la Unión Europea sea lo suficientemente fuerte como para defenderse individualmente de un ataque extranjero, tampoco son lo suficientemente potentes como para desplegarse de una forma rápida y certera en otro país en caso de necesidad y tampoco son de gran ayuda para los aliados. Además, muchos de los estados de la Unión han tenido históricamente como únicos enemigos a otros estados de la Unión y, por sus características (poco tamaño y población así como escaso valor estratégico), hacen que sea muy difícil que un país no europeo tuviese interés de atacarlo militarmente. Solucionados los problemas con sus antiguos enemigos europeos ¿Realmente tiene sentido mantener un ejército austríaco, eslovaco, luxemburgués, belga…?

Por estos motivos, una de las consecuencias de la construcción de una Europa federal que puede causar más recelo (la pérdida de los ejércitos de los estado-nación) resulta ser una consecuencia positiva y deseada, puesto que nos encontraríamos con un gran ejército europeo que consumiría menos recursos y conseguiría una mayor capacidad de acción y de reacción y tendría muchas más facilidades para desplegarse por el mundo en caso de necesidad. Además, un ejército europeo dotaría a Europa de más peso en la escena internacional y dotaría de armas a Europa para que la voluntad europea deje de estar subordinada constantemente a la estadounidense. Hay que añadir que el hecho de que los estados de Europa dejasen de tener ejércitos y pasaran a ser defendidos por un ejército único europeo sería la garantía definitiva del final del riesgo de guerras europeas venideras. En consecuencia, la extinción de los ejércitos de los estado-nación y la aparición de un ejército europeo que responda al gobierno de una hipotética Europa federal no supondría una cesión de independencia o de soberanía, si no todo lo contrario, porque un ejército único y fuerte y una Europa federal nos ayudaría a tener una voz independiente en el mundo y actuar en consecuencia con nuestros ideales y con nuestros intereses, y no con los dictámenes de los Estados Unidos y de la OTAN. Es decir, recuperar un poder y una independencia entregada al extranjero. Y además ahorrando. Otro motivo más para pedir con todas nuestras fuerzas una Europa federal.

jueves, 13 de mayo de 2010

Ante la crisis... ¿subir impuestos o bajar gastos? Es una pregunta con trampa.

Ante la crisis, muchos actores sociales y políticos, así como millones de ciudadanos, se preguntan el por qué no subir los impuestos a las rentas del capital, a los beneficios empresariales y a las rentas del trabajo que estén muy por encima de la media. Dando un primer vistazo, nos encontramos con la falta de voluntad política, que es el único motivo vislumbrado por la mayor parte de la opinión pública, pero aunque es cierto (no me imagino a Merkel, Berlusconi o Sarkozy subiendo los impuestos a “los ricos”) no es menos cierto que, en el caso de que lo quisieran hacer, quizás no obtuviesen los resultados deseados.

Por todos es sabido que vivimos en un momento donde la “libertad” es un valor irrenunciable (aunque en la práctica esta libertad se reduce al movimiento libre de capitales y poco más, porque cada vez hay menos libertad para el ciudadano de a pié: controles ¿anti-terroristas? en aeropuertos, estaciones de tren… más papeleo para entrar a determinados países, etc.). Es gracias a esta “libertad” que las empresas tienen todo el poder para chantajear a gobiernos y, en caso que el gobierno no quiera ceder, también tienen todo el derecho a exiliarse del país manteniendo en el mismo la actividad económica: es decir, seguir ganando dinero en el país pero sin pagar los impuestos en ese país. Si en España Zapatero, en lugar de haber bajado el 5% el sueldo a los funcionarios, hubiese decidido que el impuesto sobre sociedades pasase de un tipo general del 30% al 35% a otro del 40% al 50%, todas las grandes y medianas empresas habrían seguido trabajando en España, pero muy probablemente hubiesen trasladado su sede social a otro estado X (pongamos que en el estado X se paga el 10% de los beneficios) y dejaría de pagar el impuesto por beneficios en España para pagarlo en el país X, por tanto los españoles ya no es que no recaudásemos la diferencia entre el 50% y el 30% (la subida de impuesto) si no que directamente perderíamos ese 30% de beneficios que hasta el momento la empresa tributaba en España. Con las inversiones y los depósitos bancarios, lo mismo, pasarían de hacerse en España a hacerse en Luxemburgo, Suiza o donde hiciese falta y, otra vez, ya no es que no ganaríamos los ingresos correspondientes a la subida del impuesto, si no que perderíamos lo que estábamos ingresando hasta el momento.

Por tanto, subir la presión fiscal es muy complicado con la actual estructura legal e institucional, así que si al reducido éxito de un aumento de la presión fiscal en “los ricos” (a “los pobres” si que se le pueden subir los impuestos, como el IVA, pues estos no tienen la capacidad de utilizar la ingeniería financiera, etc.) le añadimos la falta de voluntad política, tenemos como resultado las actuales rebajas fiscales (y las pasadas también) y la reducción del gasto público con aumento de la deuda pública como solución ante las crisis (y en tiempos de bonanza para “mejorar la eficiencia” del sector público). En consecuencia, lo que hace falta es cambiar la legislación vigente y dejar de sacralizar la “libertad” sustituyéndola por la sacralización de la justicia, la solidaridad y la responsabilidad.

Una vez más, nos encontramos con las consecuencias de la no unión política de Europa, pues si en un mercado no hay estado, además de inestabilidad, aparece la tiranía del más poderoso y la polarización entre ricos y pobres en detrimento de la gran clase media. Todo justo lo contrario de lo que pasó en los años 50 y 60 en la Europa comunitaria. Necesitamos un estado federal europeo, con un estado del bienestar básico para todos los ciudadanos y con una presión fiscal mínima garantizada en todo el territorio europeo (y que sea suficiente para mantener unos niveles adecuados de protección social). Mientras que no tengamos una Europa federal, seguiremos igualándonos a la baja. Sólo hace falta decir basta.

sábado, 24 de abril de 2010

No abandonar a Grecia

La crisis económica se está cebando muy especialmente con Grecia y el lobby anglosajón y antieuropeo lo está aprovechando al máximo. Primero, exageraron con la situación griega para dañar a Europa, después, extendieron las dudas y los ataques al resto de las economías más débiles, ya sea por estructura o por percepción (Portugal, Irlanda y España). Posteriormente, se explayaron con España porque de todas las economías dudosas es la única con el tamaño suficiente como para perjudicar gravemente a Europa. Pasadas algunas semanas, los ataques a España cesaron (parece que al final el rigor se impuso al ataque anglosajón) pero sin embargo nunca han dejado de acosar a Grecia y de actuar como sucios buitres carroñeros.

Es cierto que la situación griega es muy preocupante y que, históricamente, ha tenido problemas importantes que no la han permitido desarrollarse al mismo nivel que otros países del sur (mismo caso que Portugal y al contrario que España, que se ha convertido en líder regional). Sin embargo, la solución para Grecia no es el recorte drástico de las prestaciones sociales, de los salarios, de los impuestos o de todo a la vez. Grecia ya ha cambiado de gobierno, ya ha elaborado un plan de choque contra la crisis, pero Grecia no puede frenar el ataque premeditado del lobby anglosajón. Ante esta situación Grecia necesita más Europa y el apoyo sostenido de todas las instituciones. No podemos formular (como lo hace la Unión Social Cristiana de Baviera, Partido Popular Europeo) propuestas de expulsión de Grecia de la Unión Monetaria. Grecia es Europa y, a menos que los griegos así lo decidan, Grecia ha de continuar siendo Europa. Si abandonamos a Grecia tendremos un oscuro precedente que facilitará dejar tirado a Portugal, a España, a Italia... Y al final Europa no será nada. Frente a estas soluciones cainitas ha de darse un paso hacia delante e instaurar una Europa Unida, una Europa Federal, una Europa con gobierno y competencias, una Europa con política fiscal, una Europa que realmente proteja a los ciudadanos cuando éstos tienen problemas, que no los deje tirados en la cuneta a la primera de cambio. Salvar a Grecia es salvar Europa, y salvar Europa es salvarnos a nosotros mismos.

domingo, 18 de abril de 2010

El deber de conocer el catalán

Parece que una de las cosas que se van a caer del Estatut va a ser el deber de conocer el catalán. Este, bajo mi criterio, es un punto de vital importancia (si es que no es el principal) porque la reforma de este articulo puede suponer el fin del modelo de sociedad catalana que funciona desde hace décadas: la inmersión lingüística. Y es que si el Tribunal Constitucional dice que conocer el catalán no es un deber, la consecuencia directa es que la inmersión lingüística es anticonstitucional y, por tanto, tendran que haber en Cataluña escuelas para catalanoparlantes y escuelas para castellanoparlantes. Este hecho supondría el fin de la Cataluña que hoy conocemos, de la Cataluña cohesionada y sin conflictos entre las dos grandes comunidades lingüísticas. Pasaríamos a tener un modelo más parecido al vasco, donde la sociedad está clarísimamente polarizada entre los que saben vasco y los que no saben, creando así un país partido por la mitad en el que los conflictos y los choques entre bloques abundan. ¿Es esta la Cataluña que nos merecemos? Yo digo claramente que no. Si no fuese por la inmersión lingüística seguramente mi catalán sería muchísimo peor al que tengo ahora mismo y me sentiría incómodo a la hora de hablarlo/escribirlo y de escucharlo/leerlo. Para vivir en mi ciudad metropolitana puede que no me suponga muchos conflictos, pero a la hora de salir de esta realidad suburbial e ir a la capital o a cualquier otra ciudad del país me haría sentir inferior y menos catalán que los demás. Me haría sentir extranjero en mi propia tierra, Cataluña. No pienso aceptarlo. Este argumento no sirve para los demás ciudadanos de España para atacar la inmersión lingüística (tal y como hacen) pues, pese a este sistema, todos los catalanes sabemos leer, escribir y entender el castellano. Y es que es gracias a la inmersión lingüística que muchos catalanoparlantes sienten la primera necesidad de entender el castellano, pues al entrar en contacto los niños catalanoparlantes con los castellanoparlantes, los primeros ven que necesitan también el castellano para poder comunicarse con sus amigos y los segundos también ven necesario al catalán para poder hablar con sus compañeros de clase. Esto, haciendo guetos en la escuela, no pasaría.

viernes, 26 de marzo de 2010

Europa puede ayudar a garantizar el Estado del Bienestar

Los europeos no nos podemos permitir competir entre nosotros para ver en qué país las empresas pagan menos impuestos, los trabajadores cobran salarios menores, las jornadas laborales son más largas y los gobiernos dan más subvenciones a las empresas. Si bien es cierto que si un estado toma estas medidas puede atraer mucha más inversión a muy corto plazo, a medio y largo plazo sólo se consigue que el resto de estados lo imiten y empiecen una carrera de desmantelamiento del estado del bienestar para atraer inversiones que acabaría con un reparto de empresas final similar a la situación inicial pero con un estado mucho más débil y con unos trabajadores mucho más empobrecidos y en condiciones más precarias. Es un riesgo existente en la actualidad.

En consecuencia, se ha de evitar tal carrera y, para asegurarnos de que esto no suceda, la solución definitiva es instaurar un Estado del Bienestar europeo, financiado por impuestos europeos. Con esta nueva situación, en toda Europa se ofrecería un kit básico de Estado de Bienestar y se soportaría un kit básico de impuestos, con lo que se acabaría definitivamente el riesgo de desmantelamiento de la protección social en Europa por competencia entre europeos.

Un buen kit básico de Estado de Bienestar sería aquel que, por ejemplo, contemplase una pensión de jubilación básica, un subsidio por desempleo básico, una sanidad básica (ayudas a la compra de medicamentos, reembolso de parte del coste de las visitas médicas…), etc. Todo financiado con la parte de los impuestos transferidos a Europa (un X% del IVA, un X% del Impuesto de Sociedades, un X% del IRPF, etc.). Todo este pack básico debería ser mejorado por los gobiernos estatales y regionales, financiado también por impuestos, esta vez recaudados por los estados y las regiones. Es en este punto donde aún se podrían librar carreras de desmantelamiento, pero al existir un estado federal con competencias, si sucediese esta desgracia, en cualquier momento podría mejorar el kit básico y mantener de esta forma unas políticas sociales avanzadas para todos los ciudadanos de Europa.

Ejemplo hipotético del IVA:

*Catalunya: 10% (recaudado por la federación) + 3% (recaudado por el estado) + 3% (recaudado por la región) => 16% de IVA
*Comunidad de Madrid: 10% (recaudado por la federación) + 3% (recaudado por el estado) + 1% (recaudado por la región) => 14% de IVA
*Baviera: 10% (recaudado por la federación) + 5% (recaudado por el estado) + 0% (recaudado por la región) => 15% de IVA
*Letonia: 10% (recaudado por la federación) + 2% (recaudado por el estado, las regiones no tienen competencias) => 12% de IVA

Ejemplo hipotético de la pensión de jubilación:

*Catalunya: 50% (pagado por la federación) + 20% (pagado por el estado) + 20% (pagado por la región) => 90% del salario
*Comunidad de Madrid: 50% (pagado por la federación) + 20% (pagado por el estado) + 0% (pagado por la región) => 70% del salario
*Baviera: 50% (pagado por la federación) + 30% (pagado por el estado) + 0% (pagado por la región) => 80% del salario
*Letonia: 50% (pagado por la federación) + 0% (pagado por el estado, las regiones no tienen competencias) => 50% del salario

viernes, 16 de octubre de 2009

Una política económica poco ambiciosa

Si hablamos de economía, el tema estrella de la legislatura, parece resultar que el Gobierno no está sabiendo hacer frente a la crisis económica y parece estar perdiendo la oportunidad que estamos teniendo los españoles para reinventarnos. El Plan E puede que haya servido para estimular efímeramente el mercado laboral, pero ¿a qué coste? ¿con qué objetivo? Se ha invertido una gran cantidad de dinero con el objetivo de dar trabajo a gente en paro. Punto. Se han arreglado aceras, se han reasfaltado calles, se han reformado plazas y avenidas, se han mejorado instalaciones deportivas, etc. ¿No hubiese sido más adecuado haber utilizado ese dinero para realizar inversiones para fomentar el desarrollo económico de España? Mucho más productivo hubiese sido conectar mejor los puertos con el sistema ferroviario para convertir las principales ciudades costeras españolas (Barcelona y Valencia, en concreto) en verdaderas puertas de entrada de las mercancías provinientes a Europa desde Asia y colocar a estos dos puertos españoles al mismo nivel que Rotterdam o Hamburgo. También habría sido más provechoso que levantar aceras, para dejarlas después igual, mejorar la conexión entre Sevilla y Cádiz y, a la vez, de éstas con Málaga, para fomentar un triángulo andaluz de desarrollo que constituya el pilar básico de la prosperidad de las tierras del Sur, un polo industrial y comercial (en lugar del turismo de lujo y de las segundas residencias de la costa, que como sector económico complementario no está de más, pero tenerlo como actividad económica básica no es lo más deseable para una economía que anhela ser robusta y poderosa). Otro tercer proyecto interesante hubiese sido mejorar y ampliar el muy deficitario servicio de cercanías en las grandes ciudades españolas y crear redes de transporte público bien integradas y de calidad. Y si el Gobierno estima que es más adecuado generar empleo mejorando la calidad de vida de las ciudades en lugar de fomentar el tejido productivo de la nación, puede que lo mejor sea focalizar toda la inversión en los barrios degradados, arreglando las calles y plazas, rehabilitando los edificios y mejorando los servicios públicos y la conexión con el resto de la ciudad (tal y como está haciendo la Generalitat de Catalunya mediante la Ley de Barrios). Pero no, ni conexión de los puertos con el sistema ferroviario, ni promover nuevos polos de desarrollo (en lugar de fomentar a Madrid como el único gran centro dinamizador), ni mejorar el transporte público, ni arreglar los barrios degradados.

Si nos fijamos en la reforma fiscal, tampoco parece que el Gobierno haya tomado las medidas idóneas, pues aumentando el IVA y no tocando la tributación de las SICAV (pagan el 1%) o del IRPF de las personas con más ingresos se hace que todos los ciudadanos paguemos por igual el coste de la crisis, es decir, que los más perjudicados serán los trabajadores con sueldos más bajos, los jubilados con pensiones más discretas o los parados. Pues subir el IVA del 16% al 18% no afecta lo mismo a un trabajador con una renta de 700 € mensuales que a otro con unos ingresos mensuales de 3.000 €. De todas formas, las reformas fiscales son muy complicadas, pues subiendo los tipos impositivos de las rentas más elevadas y de las empresas se puede provocar una retirada de capitales del país y una fuga de gente acomodada que haga reducir la recaudación total, con lo cual, el objetivo quedaría sin ser cumplido, mientras que subiendo los impuestos sobre el consumo acaban saliendo perjudicadas las clases medias y humildes pero se consigue aumentar los ingresos del Estado, que constituye el objeto de la reforma.

Como contrapunto a toda la crítica económica del Gobierno Zapatero, cabe destacar su apuesta por no recortar los (escasos) derechos laborales y la (precaria) protección social de los españoles. Desgraciadamente, no creo que sea suficiente y, volviendo al tema de la oportunidad perdida en cuanto a los proyectos de reactivación económica, cierto es que no sólo nos pasa a los españoles, sino que sucede en casi todos los países, sin embargo, no es una excusa para que el Gobierno Zapatero no obre con más visión de futuro y ambición. Le quedan 3 años para cambiar de política o para demostrar que los que le criticamos estamos equivocados.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Un Estado dinámico y flexible

Como ya comenzaba a indicar en el artículo anterior, La Constitución de 1978, un proyecto exitoso pero caduco, puede que España necesite dotarse de un nuevo marco político-legal para reforzar la convivencia y dinamizar la vida política, que en la actualidad vive con varios asuntos enquistados sobre los que siempre se acaba volviendo en lugar de remar todos juntos para realizar grandes proyectos que hagan de esta tierra un mejor lugar en el que vivir.

Este nuevo marco político-legal debería basarse en un nuevo modelo de Estado, un Estado dinámico y flexible, en el que todos los proyectos no violentos puedan realizarse, evitando de esta forma la frustración de los distintos segmentos sociales y el empantanamiento de la vida política. Aquí entran temas tabú como los referéndumes de autodeterminación, los referéndumes sobre la monarquía y la república o inclusive un proyecto de unificación ibérica o europea.

Quizás un buen modelo de Estado punto de partida sea una monarquía federal, donde las comunidades autónomas pasen a ser substituidas por las naciones, en las que se basan los diferentes estados federados, que, en su unión voluntaria, forman el Reino de España. La regla de oro para este nuevo modelo sería que todos los estados federados tendrían que tener las mismas competencias y las mismas fuentes de financiación y que ningún estado federado podría ampliar o reducir sus competencias independientemente del resto, pues deberá de mantener la igualdad de dependencia/independencia de cada Estado federado respecto al Estado federal para evitar las desigualdades y los conflictos que hemos sufrido en España durante las últimas décadas. Sin embargo, ha de existir el derecho de que cada Estado federado pueda convocar un referéndum de autodeterminación y, en caso de que su población se manifieste claramente a favor de dicha independencia, el Estado en cuestión abandone España y pase a formar un Estado independiente. Debería ser imprescindible también el compromiso de honor por la parte española de que ésta no le bloqueará el ingreso a ninguna organización internacional en la que España forma parte y que, por causa del proceso de independencia, el estado independizado se haya visto excluido.

Atendiendo a las diferentes realidades históricas, geográficas, sociales y económicas, las comunidades autónomas de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, País Valenciano y País Vasco podrían estar en condiciones de pasar a ser Estados federados y naciones constituyentes de la España federal mientras Ceuta y Melilla seguirían siendo ciudades autónomas. Por otro lado, las demás comunidades autónomas podrían sufrir alguna modificación para crear una entidad con más carácter nacional, tales modificaciones erradicarían tanto en la unión de autonomias (como la madrileña con la castellano-manchega) como en la división de las mismas (como la posible disolución de Castilla y León para dar paso a los hipotéticos Estados federados de Castilla y de León). El mapa de la España resultante podría ser similar al siguiente:



Posteriormente al cambio del modelo de Estado, sería deseable mantener vivo el dinamismo y la flexibilidad para permitir a España y a los españoles ir reinventándonos a lo largo del tiempo para actualizar nuestro compromiso y nuestro proyecto común, recobrando la ilusión y la fuerza para hacer de esta tierra un gran lugar, lleno de progreso, libertad y bienestar. Dejando abiertas las puertas a Portugal, que podría integrarse como un Estado federal más dentro de España, dejando también la posibilidad de abolir la monarquía e instaurar la república o de que varios Estados federados consulten a su pueblo la conveniencia de unirse con otro Estado federado (por ejemplo, unir León y Castilla, Cantabria y Castilla, Baleares y Cataluña, Navarra y País Vasco, Ceuta y Melilla...). Enterrando para siempre la España que se impone por la fuerza para dar paso a la España que vence y convence. Porque el proyecto de España tiene una gran historia, pero también tiene un futuro glorioso si acepta las diferencias existentes entre los pueblos de España y las considera una riqueza y no un laste, y si considera a los diferentes pueblos de España como iguales y mayores de edad y no como niños a los que ha de tutelar y mandar sin derecho a réplica. Una España flexible, adulta, realista y con proyecto. Esa es la España que queremos los que nos sentimos, aunque sea mínimamente, españoles, y la España que también desean aquellos que anhelan la independencia de su pueblo, porque les permitirá intentar realizar su proyecto político de una forma ordenada, libre y civilizada. Como los adultos que somos.