Este nuevo marco político-legal debería basarse en un nuevo modelo de Estado, un Estado dinámico y flexible, en el que todos los proyectos no violentos puedan realizarse, evitando de esta forma la frustración de los distintos segmentos sociales y el empantanamiento de la vida política. Aquí entran temas tabú como los referéndumes de autodeterminación, los referéndumes sobre la monarquía y la república o inclusive un proyecto de unificación ibérica o europea.
Quizás un buen modelo de Estado punto de partida sea una monarquía federal, donde las comunidades autónomas pasen a ser substituidas por las naciones, en las que se basan los diferentes estados federados, que, en su unión voluntaria, forman el Reino de España. La regla de oro para este nuevo modelo sería que todos los estados federados tendrían que tener las mismas competencias y las mismas fuentes de financiación y que ningún estado federado podría ampliar o reducir sus competencias independientemente del resto, pues deberá de mantener la igualdad de dependencia/independencia de cada Estado federado respecto al Estado federal para evitar las desigualdades y los conflictos que hemos sufrido en España durante las últimas décadas. Sin embargo, ha de existir el derecho de que cada Estado federado pueda convocar un referéndum de autodeterminación y, en caso de que su población se manifieste claramente a favor de dicha independencia, el Estado en cuestión abandone España y pase a formar un Estado independiente. Debería ser imprescindible también el compromiso de honor por la parte española de que ésta no le bloqueará el ingreso a ninguna organización internacional en la que España forma parte y que, por causa del proceso de independencia, el estado independizado se haya visto excluido.
Atendiendo a las diferentes realidades históricas, geográficas, sociales y económicas, las comunidades autónomas de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, País Valenciano y País Vasco podrían estar en condiciones de pasar a ser Estados federados y naciones constituyentes de la España federal mientras Ceuta y Melilla seguirían siendo ciudades autónomas. Por otro lado, las demás comunidades autónomas podrían sufrir alguna modificación para crear una entidad con más carácter nacional, tales modificaciones erradicarían tanto en la unión de autonomias (como la madrileña con la castellano-manchega) como en la división de las mismas (como la posible disolución de Castilla y León para dar paso a los hipotéticos Estados federados de Castilla y de León). El mapa de la España resultante podría ser similar al siguiente:
Posteriormente al cambio del modelo de Estado, sería deseable mantener vivo el dinamismo y la flexibilidad para permitir a España y a los españoles ir reinventándonos a lo largo del tiempo para actualizar nuestro compromiso y nuestro proyecto común, recobrando la ilusión y la fuerza para hacer de esta tierra un gran lugar, lleno de progreso, libertad y bienestar. Dejando abiertas las puertas a Portugal, que podría integrarse como un Estado federal más dentro de España, dejando también la posibilidad de abolir la monarquía e instaurar la república o de que varios Estados federados consulten a su pueblo la conveniencia de unirse con otro Estado federado (por ejemplo, unir León y Castilla, Cantabria y Castilla, Baleares y Cataluña, Navarra y País Vasco, Ceuta y Melilla...). Enterrando para siempre la España que se impone por la fuerza para dar paso a la España que vence y convence. Porque el proyecto de España tiene una gran historia, pero también tiene un futuro glorioso si acepta las diferencias existentes entre los pueblos de España y las considera una riqueza y no un laste, y si considera a los diferentes pueblos de España como iguales y mayores de edad y no como niños a los que ha de tutelar y mandar sin derecho a réplica. Una España flexible, adulta, realista y con proyecto. Esa es la España que queremos los que nos sentimos, aunque sea mínimamente, españoles, y la España que también desean aquellos que anhelan la independencia de su pueblo, porque les permitirá intentar realizar su proyecto político de una forma ordenada, libre y civilizada. Como los adultos que somos.