En noviembre de 2003 se celebran unas elecciones al Parlament de Catalunya en las que el Partit dels Socialistes de Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya e Iniciativa per Catalunya Verds obtienen unos resultados que permiten que Catalunya tenga el primer gobierno de izquierdas desde la II República, presidido por Pasqual Maragall. Convergència i Unió, tras la retirada del president Pujol y la llegada del "delfin" Artur Mas, se encuentra en la oposición por primera vez en la historia. Unos meses más tarde, en marzo de 2004, se celebran elecciones a las Cortes Generales, en las que composición de las nuevas cámaras también permiten un cambio de Gobierno: el Partido Socialista gana las elecciones y Zapatero se hace con el Ejecutivo mientras que el Partido Popular, liderado por otro "delfin" del presidente (en este caso Mariano Rajoy de José Mª Aznar) abandona el poder que tanto le costó conseguir. Ya han pasado 5 años de la llegada del cambio, un periodo que empieza a ser suficiente como para mirar hacia atrás y ver, con perspectiva, que es lo que ha sucedido.
La primera etapa del Gobierno de Zapatero: buenas intenciones
Zapatero llegó al Gobierno por sorpresa, sin embargo, una vez en el poder, empezó a desarrollar un programa político cargado de la voluntad de cambios profundos en el Estado. Estos cambios se centraban especialmente en tres aspectos: reformas sociales, reformas del modelo de Estado y una nueva política exterior.
Si hablamos de política exterior, vemos cómo Zapatero cambió drásticamente el papel de España en el mundo, haciéndose realidad las buenas intenciones de los socialistas: el país pasó de ser uno de los aliados más cercanos de unos Estados Unidos en su período más neoconservador y, a la vez, uno de los estados más alejados del núcleo duro de la Unión Europea a situarse dentro del núcleo continental de Europa (junto con Francia y Alemania), estrechando también lazos con América Latina y Marruecos mientras que se alejaba bruscamente de la Administración Bush y de los países atlantistas (como la Polonia ultra de los gemelos Kaczynski). Ha de destacarse la retirada de tropas de Iraq, la ratificación (vía referéndum) de la Constitución Europea en España y el proyecto de la Alianza de Civilizaciones.
En el ámbito de las reformas sociales y los derechos civiles, el Gobierno Zapatero también ha cumplido con bastantes de sus compromisos electorales y con sus buenas intenciones, aunque no de forma tan sobresaliente como en la política exterior. El Congreso, dominado por los parlamentarios progresistas (no solo del PSOE, sinó que también de Esquerra Republicana, Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya y demás así como diputados de la derecha "civilizada", como algunos de Convergència i Unió) han hecho realidad la aprovación de leyes como la del matrimonio entre personas del mismo sexo, la ley de igualdad o la ley integral contra la violencia doméstica, así como la regularización de inmigrantes ilegales con contrato de trabajo. Estas leyes han permitido integrar en la sociedad y el sistema a personas tradicionalmente marginadas y discriminadas (caso de los homosexuales - un 10% de la población - o las mujeres, que siguen alejadas de los puestos de responsabilidad y continuan cobrando menos que los hombres realizando el mismo trabajo), así como reforzar y dar apoyo a algunos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad: las mujeres maltratadas (que viven con el enemigo en casa) y a los trabajadores inmigrantes sin papeles (desprotegidos ante la explotación laboral). Todas estas actuaciones pusieron en pie a la Derecha y provocaron grandes enfrentamientos entre el Gobierno/Partido Socialsita y la Iglesia/Partido Popular. La de 2004 a 2008 fue una legislatura marcada por una grandísima crispación. La férrea oposición conservadora, aunque también traba sobre estos asuntos (los puntos claves del programa de la Derecha), centró su discurso y su lucha en otras cuestiones en las que creía que podría aglutinar a la mayoría social, sabiendo que el pueblo español apoyaba y sigue apoyando mayoritariamente a los progresistas en estas reformas sociales.
El último gran tema ha sido el intento de reforma del modelo de Estado que, aunque no ha sido planteado como tal, se intuía (o se pretendía hacer intuir) que el nuevo gobierno central quería iniciar un nuevo proceso descentralizador que acercase a España a un modelo claramente federal. Durante este intento de reforma, aunque se produciría para todo el Estado, los medios y los políticos se centraron en el epicentro del moviemiento reformista: Catalunya, su nuevo Estatut d'Autonomia y su nuevo Govern Tripartit. Para el gran público todo empezó cuando Zapatero afirmó en un mítin "apoyaré el Estatuto que venga de Catalunya". Nada más lejos de la realidad: una vez redactada la propuesta de Estatut por el Parlament, en Madrid se recortó en diversos puntos, se realizó una fuerte campaña de acoso y derribo contra el proyecto estatutario y contra Catalunya, utilizando el anti-catalanismo siempre latente en el resto de España: la Derecha había encontrado aquí la lucha que necesitava para confrontar a la sociedad española, situarla contra el presidente Zapatero y contra el PSOE, y así recuperar el poder para, entre otras cosas, frenar primero y aniquilar más tarde todas las reformas sociales hechas por los progresistas y respaldadas por la sociedad.
Por aquellas fechas el Partido Popular y sus medios afines encontraron otro gran tema de división y de crispación utilizado para desprestigiar al Gobierno, al Presidente y al PSOE: ETA. Todos los presidentes de la democracia han estado en contra de la banda terrorista ETA, pero sin embargo y, también por eso mismo, muchos de ellos han ordenado negociar con los etarras para llegar a una solución dialogada al conflicto. Zapatero no ha sido menos: cuando la banda anunció un alto al fuego permamente (cosa nunca sucedida antes) el Congreso apoyó el diálogo con el no apoyo del Partido Popular, que empezó desde el primer momento a comportarse de una forma hostil con el PSOE, esperando que la negociación fracasase y así evitando que fuese ZP y los suyos los que se colocaran la medalla. A medida que pasaban los meses sin actividad terrorista, los conservadores agitaban cada vez con más fuerza a España entera: manifestaciones anti-negociación se celebraban en Madrid, desde los medios de comunicación afines se decía que Zapatero era un aliado de los terroristas, líderes de opinión anunciaban que el Gobierno estaba vendiendo Navarra a los radicales vascos, etc. Algo nunca dicho por nadie en las anteriores negociaciones (entre ellas las que realizó el Gobierno del Partido Popular). Los ataques de la derecha al Gobierno han llegado a su punto álgido.
Segunda etapa de Zapatero: frenazo y marcha-atrás
Con una España cada vez más dividida y con una Derecha cada vez más agitadora y más ultra, las encuestas empezaban a mostrar un empeoramiento de la imagen de Zapatero. En este momento los socialistas dieron un giro importante a su actuación política: las reformas estatutarias dejaron de estar a la orden del día y el Estatut se recortó y se aprovó mediante referéndum. Dicho recorte provocó que Esquerra Republicana abandonase el Govern de la Generalitat y provocase la celebración de elecciones anticipadas en las que Pasqual Maragall ya no se presentaría: el que fuera impulso de Zapatero para dirigir el PSOE se convirtió en la gran víctima política de la primera legislatura socialista. José Montilla, de orígen andaluz y visto como alejado a las tesis catalanistas fue el candidato del PSC, que bajó en votos y escaños, aunque continuó en el Govern reeditando el pacto con ERC e ICV. "Asesinado" Maragall, el debate estatutario y de reforma del modelo de Estado estaba tocado de muerte. Aquello de "el concepto de nación es discutido y discutible" quedó demodé, lo que se lleva ahora es incluir por todas partes "Gobierno de España" y mencionar la palabra "España" y "españoles" cada dos por tres.
Las reformas sociales también frenaron: el intento de cambio de la política respecto a la Iglesia Católica para hacer de España un país más libre de las ataduras de la cúpula religiosa continuó, aunque su resultado fue mucho menos satisfactorio que el de todas las reformas sociales realizadas hasta el momento (financiación de la Iglesia con dinero público, Concordato con El Vaticano, asignatura de religión, etc.). La Derecha ha aconseguido amedrentar al Gobierno y el PSOE, que pasan a posturas defensivas, centrados en mantener el poder y, de esta forma, salvar los cambios ya consumados. El Gobierno Zapatero parece ahora resignado a frenar en el proceso del cambio. Se prentende pasar de una administración reformadora a una administración simplemente gestora. Este cambio se ve más reforzado con la llegada de la Gran Crisis, financiera primero y económica después.
Mientras todo esto sucedía, se celebraron las elecciones municipales y autonómicas de 2007 que indicaron que Madrid y Levante se habían convertido en los dos grandes focos de la resistencia conservadora frente al PSOE. El Partido Popular también mejoraba posiciones en las ciudades, mientras que en lugares como Catalunya, Euskadi, Balears o Galícia los socialistas ven aumentar sus apoyos de una forma muy considerable. Rosa Díez abandonaba el PSOE y lanzaba un nuevo partido, Unión Progreso y Democracia, que se considera a si mismo como de izquierda liberal y no nacionalista, pero que es visto por amplios sectores sociales y políticos como una agrupación derechista y nacionalista española. En Navarra los conservadores pierden la mayoría absoluta y se abre la posibilidad de un gobierno de progreso, formado por los socialistas y los nacionalistas de Nafarroa-Bai (tal y como ha pasado en Catalunya, Galícia y en Illes Balears), sin embargo el PSOE interviene y cede la presidencia a la Derecha para evitar que vuelva de nuevo la campaña de que el PSOE vende Navarra a ETA. Este acontecimiento confirma la nueva etapa política, acompañado por la ruptura del alto al fuego permanente declarado por ETA. Las elecciones generales se acercan.
Una nueva legislatura socialista: la crisis económica como protagonista
En marzo de 2008 se celebraron las elecciones generales: el PSOE sube en votos y escaños, lo mismo le sucede al PP. Los resultados muestran una España polarizada como casi nunca, con unos resultados buenos para los dos grandes partidos pero relegando a la marginalidad al resto de las formaciones políticas (Izquierda Unida y Esquerra Republicana sufren los peores golpes). Las dos Españas además se concentran territorialmente: los conservadores mantienen todo el interior y Levante, conservando muy fuertes los focos de Madrid, Valencia y Murcia, y ascienden en Andalucía y Extremadura. Los socialistas se apoderan del País Vasco y Asturias, mantienen Catalunya (donde obtienen unos resultados récord), Andalucía y Aragón y confirman el vuelco en Balears y la tendencia positiva en Galícia. En resumen, el discurso identitario ha triunfado: la España mesetaria se abona al Partido Popular mientras que toda la España plural apoya sin fisuras y de forma contundente al Partido Socialista. Sin embargo estos resultados son un eco de la pasada legislatura, ya que con la crisis la situación está a punto de canviar.
El Gobierno, en este momento, ya no tiene grandes proyectos sociales para realizar y se ha consagrado definitivamente a gestionar lo mejor que pueda los recursos del Estado. La oposición, por otro lado, continua empeñada en recuperar el poder sea como sea. Para conseguir este fin, y después de meses de guerra civil entre el bando "liberal" de Esperanza Aguirre+El Mundo+Losantos y el resto, el PP hace un intento de lavado de imagen tras las elecciones llamado Congreso de Valencia, donde se decía que el Partido Popular iba a experimentar algo parecido a una nueva refundación, pero en el que sólo se liberó de algunos pesos pesados con una imagen demasiado ultra o gastada (Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y María San Gil son los tres grandes nombres de los que se van). Las políticas conservadoras seguían vigentes, nada ha cambiado, tampoco sus formas de hacer: primero España había sufrido el peor atentado terrorista de la historia de Europa para sacar al Partido Popular del poder mediante una conspiración quasi "judeomasónica", después España se balcanizaba por culpa de Zapatero, más tarde el Presidente se rendía ante la banda terrorista ETA mientras regalaba Navarra no se sabe si al País Vasco o a ETA (lo que demuestra cómo ve y considera el Partido Popular al pueblo vasco: sinónimo de terrorista), al mismo tiempo Zapatero y el PSOE estaban regalando (en este caso a los catalanes) unas cantidades de dinero tremendas que pertenecían a los ciudadanos de las comunidades menos desarrolladas (hay otras versiones de la película que dicen que este dinero se le quitaba a los madrileños, los que tienen un mayor PIB/cápita de toda España) ... ahora España se arruinaba por culpa de Zapatero. ZP, que evolucionó para la Derecha en la primera legislatura a zETAp, era ahora ZParo y la economía es el substituto a ETA y el Estatuto catalán. También ha existido un paréntesis en el que Zapatero, además de arruinar la economía española, también ha conspirado con el PSOE y los jueces para sacar a la luz los "presuntos" casos de corrupción y espionaje en el Partido Popular (y eso que han sido afiliados al PP quienes han denunciado a otros afiliados del PP por espionaje).
Y entre escándalo y escándalo del PP y malos datos económicos y peores, llegaron las elecciones gallegas y vascas: en ambas se ha girado hacia la españolización y la derechización. Galícia ha vuelto a ser del Partido Popular (es el primer gran mal resultado para el PSOE desde que Zapatero está al frente) y en Euskadi hay mayoría española en el parlamento y el nuevo gobierno socialista dependerá del PP y no de otras fuerzas de progreso (no hay fórmula catalana posible), además el Parlamento Vasco cuenta con un diputado upeydista. Una de cal y otra de arena para el Presidente, ¿marcará esto el inicio de una nueva etapa o hará que el Gobierno se mantenga gestionando y poco atrevido a afrontar reformas sociales importantes? Hay quien dice que Zapatero se limitará a actuar como mero observador desde la política internacional: con Obama, en las reuniones del G20, en la preparación de la Presidencia de la Unión Europea, etc. Pero, antes de todo eso se nos acercan unas nuevas elecciones, las europeas. El Partido Popular no habrá ganado las elecciones, pero ha conseguido neutralizar al enemigo: el PSOE y el Gobierno perdieron las ganas de asumir grandes proyectos atrevidos hace tiempo. Es la gran victoria de la Derecha en estos 5 años de cambio, esperemos que a los socialistas les entren ganas de volver a la ilusión, la utopía y la reforma, porque sino el cambio no es cambio, es más de lo mismo, y para eso mucha gente preferirá al Partido Popular.
...y aún quedan, al menos, tres años más
Después de las elecciones gallegas y vascas, el PSOE ha perdido el apoyo del Partido Nacionalista Vasco (principal socio del Gobierno y del PSOE en el Congreso desde la ruptura con el catalanismo y la izquierda). Ahora el Partido Socialista se encuentra sólo ante el peligro y con un desgaste que esta vez si que podría devolver a los socialistas a la oposición. El giro al centro-derecha del PSOE podría estar herido de muerte con el enfrentamiento con los nacionalistas vascos y la única forma de sumar mayoría es o bien con los moderados de Convergència i Unió o bien con las izquierdas (Esquerra Republicana, Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds y Bloque Nacionalista Galego).
Dada esta situación, puede que lo más apropiado sea que Zapatero y el PSOE vuelvan sus orígenes: más izquierda. Traducción: más reformas sociales, más derechos civiles, más ayudas a los más desfavorecidos y vulnerables de nuestra sociedad, más justicia, más transparencia y más ideas innovadoras y valientes en la economía. Ya se han perdido algunos años de gobierno progresista por el miedo a la Derecha, el gobierno no debe dejarse amedrentar, la mayoría del pueblo español no puede someterse y ceder consantemente a la minoría conservadora y ultra.
En esta línea, es un gran avance que el Gobierno de España haya decidido por fin saldar su deuda histórica con Andalucía (reconocida y cuantificada en el Estatuto de Andalucía), poniendo así fin a un conflicto de 27 años. El Partido Popular ha seguido bramando: en Andalucía decía que era una cantidad rídicula mientras que el en Madrid denunciaba que se estaba pagando una deuda ya saldada. También es positivo el acuerdo cerrado entre Gobierno central y Generalitat sobre las inversiones en el transporte ferroviario del área metropolitana de Barcelona (aunque confirma que mientras que en Madrid se invierten 5.000 millones de euros, más de lo destinado para en Catalunya, cuando la obsolescencia del sistema es mayor en Barcelona que en Madrid y cuando la población catalana es superior a la madrileña). Lo lógico ahora sería pensar que es el turno del cumplimiento del Estatut catalán y de llegar a un acuerdo de financiación que no suponga un expolio fiscal para Catalunya, Balears y el País Valencià. Sobre los derechos y libertades civiles, sería deseable crear una legislación avanzada en temas como el aborto o la eutanasia y dedicar (y hacer dedicar a los gobiernos autonómicos que no quieren) cantidades de dinero suficientes para el desarrollo de la Ley de Dependencia. Sobre las políticas económicas, el Gobierno hará bien si continua defendiendo el actual sistema y no cede frenta aquellos que desean precarizar aún más el trabajo y las prestaciones sociales del Estado.
Parodia de Polònia sobre las campañas de la Derecha
Canciones satíricas de Polònia sobre la actitud del Gobierno Central